El mes que viene empiezo: el sesgo que te está costando la jubilación

Ilustración editorial sobre una decisión financiera entre el gasto inmediato y el ahorro futuro

¿Cuándo vas a empezar a invertir?

“El mes que viene, cuando me organice un poco.”

“En enero, con año nuevo.”

“Cuando baje la inflación.”

“Cuando el dólar se estabilice.”

“Cuando tenga más plata.”

Si alguna de esas frases te suena familiar, no es solo falta de disciplina. Tu cerebro tiende a valorar demasiado las recompensas inmediatas y a subestimar los beneficios futuros. En economía del comportamiento, ese patrón se estudia como descuento hiperbólico o sesgo presente.

El problema no es aplazar una vez. El problema es que, cuando llega el mes siguiente, tu cerebro repite el mismo cálculo. Siempre parece razonable empezar después.

Qué es el descuento hiperbólico

Richard Thaler documentó este comportamiento en 1981 con un experimento sencillo: preguntó cuánto dinero futuro necesitaba recibir una persona para renunciar a una recompensa inmediata. Las respuestas mostraron que solemos exigir una compensación desproporcionada cuando la espera empieza hoy, pero somos mucho más pacientes cuando todas las opciones están lejos.

Esa inconsistencia explica por qué es fácil prometer que ahorrarás dentro de tres meses y difícil configurar una transferencia automática esta semana.

David Laibson desarrolló después una forma útil de describir el fenómeno: damos un peso extraordinario al presente. Nuestro yo futuro siempre parece más organizado, disciplinado y solvente que nuestro yo actual.

El dato colombiano: los CDT están en máximos, pero no resuelven todos los horizontes

En Colombia, el corto plazo tiene una oferta especialmente convincente. Según cifras citadas por Infobae con corte a febrero de 2026, las personas naturales tenían $141,7 billones en CDT, por encima de los $123 billones depositados en cuentas de ahorro. Más de 2,3 millones de colombianos habían elegido este instrumento.

Para junio de 2026, el monitoreo de MejorCDT citado por Infobae mostraba ofertas de hasta 13,3% E.A. a 12 meses y 13% E.A. a 18 meses. Son tasas altas y pueden ser útiles para emergencias o metas de corto plazo.

Pero una tasa atractiva hoy no es una estrategia completa para los próximos 20 o 30 años. Los CDT se renuevan a la tasa disponible en cada vencimiento. No es correcto suponer que la tasa actual permanecerá intacta durante décadas.

La pregunta útil no es “¿qué instrumento gana este año?”. La pregunta es “¿qué combinación corresponde a cada horizonte?”.

Horizonte Objetivo típico Instrumento a evaluar
Menos de 1 año Emergencias y gastos previstos Liquidez, cuentas remuneradas o CDT cortos
1 a 5 años Metas cercanas con fecha definida CDT escalonados y renta fija según riesgo
Más de 5 años Construcción patrimonial y jubilación Portafolio diversificado, con renta variable según perfil

No necesitas escoger un solo instrumento para toda tu vida financiera. Necesitas separar las decisiones.

El costo de esperar

La Bolsa no sube en línea recta. Precisamente por eso, intentar esperar “el momento perfecto” suele ser una trampa.

DALBAR estudia desde 1994 cómo las decisiones de comprar, vender y cambiar inversiones afectan el resultado de los inversionistas. Su informe QAIB 2024 volvió a señalar que el comportamiento del inversionista puede reducir su rentabilidad frente al mercado.

La lección no es perseguir un índice específico ni asumir rendimientos garantizados. Es más simple: cuando el plan depende de sentirte tranquilo, tener más plata o acertar el momento exacto, el presente suele ganar.

Por qué pasa

Las decisiones de largo plazo compiten con recompensas inmediatas.

Cuando piensas en retirarte dentro de 30 años, ahorrar parece evidente. Cuando llega el momento de transferir una parte del salario y renunciar a consumo inmediato, la decisión se siente diferente.

El sesgo presente no desaparece porque entiendas la teoría. Por eso conviene diseñar un sistema que reduzca el número de veces que tienes que volver a decidir.

Qué puedes hacer

1. Automatiza y olvídate

Configura una transferencia automática el día en que recibes tu salario. La idea es no convertir cada aporte en una negociación mensual.

Thaler y Shlomo Benartzi mostraron el valor de este enfoque con el programa Save More Tomorrow: hacer automáticas las decisiones de ahorro ayuda a sostenerlas en el tiempo.

2. Separa el horizonte del instrumento

Un CDT puede ser útil para una emergencia o una meta de corto plazo. Para horizontes largos, evalúa un portafolio diversificado acorde con tu tolerancia al riesgo. Mezclar metas de seis meses con objetivos de jubilación lleva a decisiones incoherentes.

3. Define una fecha y un monto

“Empiezo cuando tenga más plata” no tiene fecha de vencimiento.

“Empiezo el próximo día de pago con una transferencia automática de $100.000” sí.

4. Reduce la fricción

Si abrir una cuenta, elegir una plataforma o entender todos los productos te paraliza, empieza por una decisión pequeña y reversible. La primera meta no es diseñar el portafolio perfecto. Es salir del ciclo de aplazamiento.

Empieza antes de sentirte listo

El mes que viene es una ilusión recurrente. Cuando llegue, tu cerebro volverá a elegir el presente si le das la oportunidad.

La forma práctica de ganarle al sesgo presente es sencilla: define una fecha, empieza con un monto sostenible y automatiza la decisión.

Deja el dinero estúpido que lo inviertan otros.

Referencias



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About Me

No vengo de una familia rica ni heredé secretos financieros. Vengo de clase media, donde equivocarse con el dinero sí tiene consecuencias. Por eso, desde temprano entendí que ahorrar no era una virtud moral, sino una necesidad práctica.

He pasado por casi todas las etapas del “aprendiz financiero moderno”: cursos caros, promesas de rentabilidad rápida, trading, forex, estrategias infalibles que dejaban de funcionar justo después de comprarlas. Perdí dinero, tiempo y algo de paciencia. Aprendí, a la mala, que el mercado no premia el entusiasmo sino la disciplina, y que la mayoría de los atajos son solo formas más rápidas de equivocarse.

Hoy trabajo profesionalmente en finanzas, estructurando y analizando inversiones reales, con números que sí importan y riesgos que no se pueden esconder bajo un Excel optimista. Leo, cuestiono y, sobre todo, desconfío: de los gurús, de las certezas absolutas y de cualquiera que prometa dinero fácil.

Escribo este blog para compartir lo que he aprendido —a veces con libros, a veces con errores— y para ayudar a que tomemos decisiones financieras un poco menos estúpidas. Yo sigo equivocándome, pero cada vez con menos frecuencia. Y con montos más controlados.

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